ARCADI OLIVERES – FRAGMENTO DE CONFERENCIA Publicado el 03.01.11

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martes, 13 de julio de 2010

Islandia: se puede

Histórico: las protestas

Desde mediados de esta década se vio gradualmente un aflujo de capital financiero en Norteamérica y en Europa, a lo que Islandia no estaba exenta. Los islandeses incrementaron su desarrollo y para el 2008 contaban con la mejor calidad de vida en el mundo. Muchos argumentan que esta infusión de capital (dinero electrónico y en calidad de préstamo) era parte de un plan económico ideado para endeudar países (a sus ciudadanos), lo que más tarde se llamaría la burbuja financiera.

De hecho, en octubre 2009 los tres bancos principales de Islandia se declararon en bancarrota; la Bolsa suspendió su actividad cuando sus valores se hundieron más de un 70% y la corona islandesa (su moneda) perdió más de la mitad de su valor. El país quedó en la quiebra.

Cabe notar que no hubo una protesta pública inmediata por parte de la gente. Los islandeses no sabían protestar; la última manifestación que hubo en Islandia fue en 1949 contra la OTAN. Hörður Torfasson, artista, escritor y cabecilla de un movimiento ciudadano, comentó al diario "Tiempo" que a las primeras protestas apenas acudían 15 personas. En aquellos días, la gente que pasaba les preguntaban qué estaban haciendo.

Pero ya para el 22 de enero, más de 2.000 personas encararon a la policía frente al Parlamento y les lanzaron pintura, huevos, zapatos. La imagen fue insólita: la policía, nerviosa, no supo cómo gestionar la situación; en sesenta años no habían realizado ninguna carga policial.

Las manifestaciones continuaron y crecían día a día hasta que un joven anarquista se le ocurrió trepar el tejado del Parlamento y sustituyó la bandera nacional por la enseña de la cadena de supermercados Bónus: un trapo amarillo con un cerdo sonriente en el centro. Pasó más de un día hasta que los políticos se percataron de este hecho e inmediatamente intentaron criminalizar a los manifestantes como “terroristas”.

Finalmente esta acusación fue aplacada por otros gobernantes que decían “no es el momento de buscar responsables” (nunca quedó claro si estos gobernantes se referían a los manifestantes o a ellos mismos).

Sin embargo, a partir de allí la actitud de los manifestantes cambió: ante la amenaza de ser acusados nuevamente, cada vez que temían un roce con la policía, iban a comprar flores y luego se las regalaban a los policías: desarrollaron una suerte de diálogo con las fuerzas del orden.

“No digo que sea bueno, pero hasta que no hubo altercados no se han acelerado las cosas”, confiesa Stefan Valber, dueño de una tienda de ropa y diseñador de una camiseta con el rostro del primer ministro británico, Gordon Brown, y la leyenda Brown (marrón) es el color de la caca, que ha sido un éxito de ventas debido a la irritación islandesa con el gobierno inglés. En octubre los británicos aplicaron a Islandia la ley antiterrorista para congelar los movimientos de sus bancos y salvar el billón de libras que ahorradores e instituciones inglesas habían invertido. Aparte de haberlos dejado arruinados, ponían a los islandeses en la lista de los "malos" junto a Corea del Norte, Sudán o Al Kaeda.

Lo económico y lo político

Para esa fecha el Fondo Monetario Internacional se hizo cargo. Islandia pasaría a ser el primer país europeo occidental en recibir un préstamo del FMI desde 1976 y su deuda externa sería ahora nueve veces su PIB. El que se encargó de firmar esta odiosa deuda fue Davíð Oddsson, posiblemente un cómplice de este plan de endeudamiento. Oddsson era el gobernador del Banco Central islandés desde 2005 y la persona que más tiempo estuvo tocando poder en la isla: fue primer ministro de 1991 a 2004, ministro de Exteriores y alcalde de Reykiavik durante casi diez años.

Davíð Oddsson fue quien más presión puso al primer ministro Geir Haarde, para pagar la deuda a la corona inglesa y holandesa con el préstamo del FMI, algo con lo que en principio Haarde estaba de acuerdo. Y fue el primer ministro mismo, junto a sus secuaces, quienes aprovechando aquel momento de crisis iniciaron los trámites para ingresar a la Unión Europea, a pesar de que año tras año los sondeos indicaban que el pueblo islandés tenía menos interés que Irlanda en pertenecer a la UE.

El momento era clave; se vendería al pueblo islandés la integración a Europa como la solución a la crisis. Los altos “jefes” de la UE estaban dispuestos a aceptarlos en un proceso rápido, pero tenían que pagar la deuda, o sea, quedar endeudados. Esa posibilidad se vio frustrada cuando el primer ministro, bajo una enorme presión popular decidió llamar a un referendo sobre el pago de la deuda, a lo que el pueblo dijo "NO" y el proyecto Europa se estancó.

Inmediatamente, al no encontrar una salida, el primer ministro convocó elecciones para el 9 de mayo, además anunció que sufre de cáncer y que no se presentaría. Para esos días se abarrotaban cerca de 10.000 personas en la plaza del Parlamento y gritaban infatigablemente “¡No podemos esperar más, los queremos fuera ya!”. Días más tarde, dimitía el ministro de Comercio y admitía responsabilidades. Finalmente, dos días después, se disolvía la coalición de gobierno, dimitiendo todos sus representantes.

Revolución

Después de una semana de incertidumbre, la socialdemócrata Jóhanna Sigurðardóttir toma las riendas de lo que sería el primer gobierno de izquierdas de Islandia; con un Ejecutivo en minoría formó una coalición con Los Verdes izquierdistas.

“Vamos a tener mucha presión”, reconocía Katrín Jakobsdottir, nueva ministra de Educación. Los Verdes son una izquierda de clases y antieuropeísta, que nunca han tocado el poder, lo que les convierte en las únicas manos inocentes. “Lo que tenemos que hacer es revisar el préstamo del FMI y ayudar a las familias”, “hay que buscar métodos nuevos”, comentaba Jakobsdottir, la ministra más joven, con 32 años.

La presión no sólo ha sido a cacerolazos. Sigurdur Sigurdsson forma parte de un grupo ciudadano que aún ni tiene nombre pero sí muy claro lo que quieren: una nueva constitución para Islandia. “Políticamente somos muy diferentes, no queremos ser políticos, pero nuestra prioridad es la reforma de la ley electoral a fin de crear un sistema de democracia directa. Nuestra Constitución es de 1944 y es una copia de la danesa. Hay que redactar una nueva.”

ACTUALMENTE Y EN DESARROLLO

Artistas políticos

Para las elecciones municipales de este año un grupo de artistas formó un partido político. Con sólo seis meses de anticipación, músicos, escritores, dramaturgos, actores y gente del medio de la cultura conformaron el partido The Best Party (El Mejor Partido) en vistas a presentarse por la alcaldía de Reykiavik: la capital de Islandia, con un 60% de la población, es un puesto clave, la antesala para la liga mayor y para el puesto de primer ministro.

El Best Party desarrolló un programa de gobierno creativo arraigado en estrategias del arte, que van desde el dadaísmo hasta la internacional situacionista; sus promesas electorales eran: Eliminar la droga dentro del Parlamento para el 2020, subvenciones sociales para los perdedores,toallas gratis en las piscinas públicas; prometían que Reykiavik volvería a tener toda su “onda” y agregaban: "podemos prometer más, ya que de todos modos no lo vamos a cumplir”.

El candidato, artista y reconocido cómico Jón Gnarr, se presentaba hábilmente frente a las cámaras haciendo la oratoria aburrida y vacía de los políticos “normales”. Indicaba que lo suyo era serio con un discurso algo rimbombante llamado “transparencia sostenible”. En otras palabras, prometiendo un programa transparente; con corrupción pero transparente.

De acuerdo con Eirikur Bergmann, especialista en ciencias políticas, el Best Party tiene sus orígenes en un grupo de punks y rockeros que se juntaban cerca de la estación central de autobuses en el Reykiavik de los años 80. Islandia era una sociedad cerrada y conservadora en aquellos días. Este era un movimiento de rebeldes y de allí salieron los artistas más creativos de Islandia, comentó Bergmann al “Financial Times”.

Lo más increíble de esta historia es que el Best Party ganó las elecciones, y por lejos, sobre los partidos tradicionales.

Esta victoria pone en evidencia la falta de credibilidad que tienen los políticos y la política misma, en ojos de toda la ciudadanía.

Jón Gnarr, el jefe del partido, y su gabinete (artistas, parientes y perdedores) se hicieron cargo de la alcaldía de Reykiavik el pasado 15 de junio. Ya van por su segunda semana de gobierno.

El ahora alcalde Jón Gnarr, en su discurso inaugural, prometió no cumplir con sus disparatadas promesas electorales, pero en línea con la política nacional de la primera ministra Jóhanna Sigurðardóttir insistió en su idea de un barco cárcel en alta mar para poner a banqueros y políticos corruptos. Habló de la continua necesidad de una revolución cultural (a notar que Islandia aún destina el 1,14% del presupuesto nacional para la cultura, el porcentaje más alto que cualquier otra nación). También elaboró sobre los valores humanos —el derecho a vivir y la responsabilidad de dejar vivir— resaltando la urgencia de cambiar la sociedad desde las bases, explorando ideas del anarquismo bajo la lupa de un surrealismo socialista.

La primera ministra

Jóhanna Sigurðardóttir es una ex azafata de 66 años que ocupó durante ocho años el Ministerio de Asuntos Sociales y asumió de manera interina la máxima jefatura de su país durante la crisis de febrero 2009. Meses más tarde fue confirmada en su cargo por voto público, en las elecciones de abril 2009.

Jóhanna Sigurðardóttir es lesbiana y no es un secreto o un tema que se esconde. Su compañera Jonina Leosdottir está siempre presente en actos oficiales o cuando el protocolo lo requiere como en el caso de cualquier otro jefe de Estado.

Numerosos medios se han hecho eco de la noticia y clasificaron a Sigurdardottir como la primera cabeza de gobierno abiertamente gay de la historia. "Nuestra organización no monitorea a todos los líderes gay, aunque personalmente no recuerdo a ningún primer ministro homosexual anterior a este caso", asegura Juris Lavrikovs, de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas en Europa.

La semana pasada, el 26 de junio, el gobierno de Jóhanna Sigurðardóttir legalizó el matrimonio entre individuos del mismo sexo, convirtiendo a Islandia en el sexto país europeo en esta avanzada.

De esta manera, la decisión del Parlamento, que fue unánime (49 contra 0), eleva la última cláusula de la legislación islandesa donde ciudadanos eran tratados diferente por su condición de género.

A modo de revaluar todo el sistema legislativo y electoral la primera ministra reconoció y apoya a una asamblea autoconstituida de ciudadanos que busca definir las pautas paraelaborar una nueva constitución islandesa.

Otra iniciativa reciente de esta primera ministra, es la investigación de la deuda odiosa de capitales de la corona inglesa y holandesa, así como las condiciones del préstamo del FMI. El gobierno de Sigurðardóttir ha convertido a Islandia en el primer país europeo que no premia a los banqueros sino que los mete presos, ya mandó arrestar a varios y ha pedido a la Interpol una orden de detención para muchos que se fugaron.

Tan avanzadas están estas investigaciones que arriesgan poner en tela de juicio a la gran estructura económica (y política) europea. Por ejemplo en julio 2009, en medio de su crisis, Islandia fue rechazada a integrar la comunidad europea, a menos que el gobierno ignorase el referendo que favoreció el no pagar la deuda a los banqueros. Hoy nada ha cambiado, pero recientemente la UE, bajo la dirección de España, ha decidido aceptar y apresurar las negociaciones de adhesión con Islandia. Obviamente, una integración con la UE implicaría nuevas legislaciones que podrían silenciar las investigaciones islandesas sobre las finanzas internacionales. Y al mismo tiempo podría redireccionar a un gobierno que se está mudando muy a la izquierda.

Paraíso de medios de información

La reciente y más innovadora estrategia en la que trabaja este gobierno consiste en crear un “refugio” informativo. Islandia acogerá y protegerá en su territorio a servidores y portales de la red que publican diversa información secreta y comprometedora, recibida de fuentes anónimas: un paraíso informático, libre de toda presión.

Este proyecto de ley, llamado la Iniciativa Moderna Mediática Islandesa (Icelandic Modern Media Initiative) fue aprobado unánimemente por el parlamento islandés (50 votos a favor, 0 en contra y 1 abstención).

La meta de este proyecto es “fortificar la libertad de expresión e información, así como garantizar una fuerte protección para las fuentes y sus informantes”. El proyecto se basa en parte en las leyes de otros países, como Suecia, donde la revelación de la fuente de la información se considera un caso criminal. En sí el proyecto toma de otros países puntos innovadores de sus legislaciones para crear una extensa política que pueda proteger al periodismo de investigación.

“Podría constituir el catalizador de una necesaria reforma legislativa sobre la libertad de información a nivel global”, manifiesta el sitio Index en Censorship, o, como expresa la parlamentaria europea y ex magistrada Eva Joly, “la iniciativa estimula la integridad y la transparencia por parte de los gobiernos”, de modo que Islandia podría convertirse en un disparador de nuevas actividades mediáticas internacionales de todo tipo.

El iniciador de este proyecto es John Perry Barlow, experto tecnológico y partidario de la libertad de Internet, fundador del sitio wikileaks. Barlow está buscado para ser detenido por el gobierno de los EE.UU. bajo la acusación de haber divulgado materiales militares clasificados.

El material que desató la ira del Departamento de Estado es un video que puede verse enwww.rnw.nl/espanol/article/eeuu-wikileaks y que muestra claramente un ametrallamiento desde un helicóptero estadounidense a ciudadanos indefensos en la ciudad de Bagdad. Su caso se calentará aún más, dado que la próxima semana tiene previsto divulgar un segundo video que muestra al ejército estadounidense acribillar a más de 100 civiles afganos, incluidos niños. John Perry Barlow, ante las amenazas del ejército estadounidense, ha recibido la protección del gobierno de Islandia, un desafío nuevamente sorprendente para un país que no tiene ejército.


Fuentes del contenido: tiempodehoy / a-desk / kaosenlared / intercambia / eltiempo/ surielperu / starobserver / financialtimes / hindustantimes / lacerca /apocalipticus / corneta

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